
El viernes 16 de agosto en la Ciudad de México los medios registraron una manifestación con especial
interés, de las muchas marchas que ocurren a diario en la ciudad. Esta vez, se trató de una marcha masiva de mujeres contra la violencia de género, bajo la insignia #NoMeCuidanMeViolan, en relación con los casos recientes de mujeres víctimas de violación y abuso por parte de policías, que se suman a la causa, más general en contra de la violencia que viven las mujeres en México; como en otros rincones del mundo, pero muy especialmente en América Latina, lugar donde, según ONU Mujeres, diariamente mueren 9 mujeres víctimas de violencia de género, no por crimen, no por guerra, sólo por ser mujeres; Argentina, Colombia, El Salvador, México, y sigue la lista de la región más letal para nosotras. Para aquellos que no viven en México, o que no están sensibilizados con el tema, este país el feminisidio ya no es noticia, es tan común y generalizado, que casi 3 mujeres son asesinadas al día y 49 sufren de abuso sexual, según las fuentes oficiales. Para dimensionar el problema, basta que ver la cifra mensual en junio de este año, fueron asesinadas 79 mujeres, según el reporte del Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, categorizando a los homicidios bajo razones de odio.
Esta situación, por supuesto genera hartazgo, frustración y enojo, y la semana pasada tuvo su cénit cuando en medio de una protesta, el lunes 12 de agosto, las manifestantes lazaron escarcha/brillantina/dimantina rosa al titular de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad, como protesta por el aumento de casos de policías acusados de violación contra mujeres en la capital; y por la falta de acción por parte de las autoridades que dejan estos crímenes en impunidad, y en especial por un caso de presunto abuso a una menor perpetrado por 4 policías. El Gobierno de la Capital mexicana, liderado por una mujer, calificó la protesta de provocación, y esto llevó a que las organizaciones sociales de mujeres volvieran a las calles el viernes. Pero las huellas de las protestas, los daños en estaciones de metrobus, los graffitis en monumentos, los destrozos de la Ciudad se hicieron el foco de la agenda noticiosa, pasando a un segundo plano la violencia de género. Analistas de gran prestigio, y muy allegados al gobierno calificaron a algunos grupos de estudiantes feministas, como "provocadoras enmascaradas", en un intento de división del movimiento, otros más temerarios las llamaron "feminazis", incluso grupos en redes sociales matonearon, amenazaron e intimidaron a las activistas desde grupos como "El Patriarcado" que convoca a una "putiza para las feminazis que se exeden golpeando" este fin de semana o el grupo "Arriba el patriarcado, abajo las pendejas feministas de mierda" que convocan a "golpear feministas hasta la muerte" en redes sociales.
Las organizaciones feministas denunciaron que la mayoría de los medios de comunicación nacionales que cubrieron la protesta de mujeres, del pasado 16 de agosto, pusieron su foco en los daños materiales y la agresión de un hombre a otro, omitiendo el objetivo real de la manifestación y esta ola de indignación creciente entre las mujeres. Ante este estado de las cosas, en verdad no creo que nadie que analice esta situación, pueda creer que tal protesta de las mujeres no sea legítima; y ante tal realidad exigir decoro en la manera de manifestar, debería ser la última línea de la atención pública. La manera como se presentó la información del viernes, no es un asunto menor, los medios tienen una función social y ayudan o no a normalizar actitudes en una sociedad, y pueden contribuir al linchamiento social, como el que sufre el movimiento social de feminismo, por parte de ciertos grupos. No hay feministas buenas o malas! La protesta contra la violencia de género es legitima, sin más.
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