El Lujo de Menstruar
- Sofía
- 27 feb 2019
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 may 2020

Photo by Erol Ahmed on Unsplash
En estos días después de los Oscares, quisiera llamar la atención al cortometraje que ganó
mejor corto documental: Period. End of Sentence. En este emotivo documental, seguimos el esfuerzo de las mujeres del Distrito de Hapur en la India por tener acceso a productos de higiene femenina de precio accesible. Desde la llegada de una nueva máquina para hacer toallas biodegradables de bajo costo, hasta su empaquetado y venta. Vemos las caras sonrojadas de las adolescentes que no pueden ni decir la palabra "menstruación" en voz alta por pena. Vemos a unos chicos refiriéndose a la menstruación como una enfermedad que le ocurre mayoritariamente a las mujeres - sin tener el más mínimo entendimiento de lo que es. En veintiséis minutos, Period. End of Sentence. hace un hermoso trabajo retratando la vida y carencias de estas mujeres, y poniendo la lupa sobre la pobreza menstrual.
La pobreza menstrual se define como la falta de acceso a productos sanitarios por limitantes económicas. Es una realidad que la pobreza menstrual existe en todos los rincones de la tierra - desde países desarrollados (en Inglaterra una tercera parte de la población vive pobreza menstrual), hasta en nuestro país (en donde las niñas en comunidades rurales seguido no van a la escuela por miedo a mancharse y por falta de instalaciones adecuadas para asearse). Desafortunadamente, en nuestro país como en muchos otros, no logramos hablar sobre la menstruación de forma abierta y sin penas. Las niñas siguen escondiendo sus toallas o tampones al fondo de su mochila para no “descubrirse” esos días cada mes. Las películas y televisión rara vez muestran sangre en los calzones cuando se aborda el tema. Y para agravar las cosas, seguido nos topamos con comentarios machistas como “debe andar en sus días,” o “¿te está bajando o qué?” Comentarios que, además de misóginos, invalidan nuestras emociones y reacciones hacia injusticias, y asumen que siempre debemos estar de buen humor, y que cuando no lo estamos, se debe a la influencia de la todopoderosa regla. De aquí la equivocada suposición de que nuestras hormonas y emociones nos controlan.
Pero divago… Es necesario abrir la conversación en torno a la menstruación en nuestras casas, con nuestras parejas, hijas, madres, padres, hermanos. Debemos hablar de que es un proceso completamente natural que le ocurre a la mitad de la población global. Que no es algo que deba provocar asco o desagrado. Que un periodo regular es indicativo de buena salud y uno irregular nos puede estar avisando de algún problema que debemos revisar con un médico. Sólo abriendo la conversación podemos combatir el tabú que sigue rodeando la menstruación. Sólo así podemos lograr que las adolescentes pierdan la pena de pedir una toalla cuando la necesiten, de ir a la tienda a comprar un paquete de tampones, de preguntar cuáles son las opciones disponibles. Sólo así podemos lograr que nuestros gobiernos legislen a favor de la mujer, reduciendo los impuestos y fijando costos de estos importantes productos para hacerlos accesibles a todas las mujeres. Porque la higiene femenina no es un lujo, es una necesidad.
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