De la ficción a la realidad
- Elsa
- 22 oct 2018
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 3 jun 2020

Photo by Salvador Altamirano on Unsplash
Con seguridad la mayoría de gente piensa que la realidad es el germen de la ficción, y a partir de los
sucesos reales, se cuentan historias ficcionadas. En verdad, me parece que todas las historias tienen de una u otra manera un referente en algo real, sin desmeritar el poder de la imaginación humana, que en todas las artes nos sorprende. Pero ahora, en nuestra era es muy interesante como la ficción, nos influencia en nuestra vida, y se vuelve parte de nosotros.
Seguro este tema es analizado por la ciencia ampliamente, hay todo un desarrollo sobre el concepto de la dominación cultural, al que no voy apelar; pero en lo que nos toca a la gente del común, lo que tenemos más próximo, la televisión y el cine, están influenciado nuestras vidas de una manera que a veces no reflexionamos. Encontramos en las series de TV o en el cine se reproducen ideales de lo que queremos ser, de las cosas que nos gustaría tener, las interrelaciones sociales o familiares que nos gustaría llevar, en fin. Incluso, y lo más sorprendente es como hasta algún comportamiento cultural tradicional de una generación, se puede ver modificado, retroalimentado o redescubierto.
Aquí ilustro algunos ejemplos que me son cercanos. Soy colombiana, y en mi país hay una fuerte influencia de la cultura occidental, particularmente la católica hispana, y a pesar de los esfuerzos por valorizar nuestro origen mestizo, indígena y afro, esto está menos presente de manera directa en las tradiciones, o por lo menos en las que me tocaron a mí, aunque claro que reconozco que hay un “mestizaje” en lo que llamamos tradicional. No obstante, desde que la difusión cultural usa de manera muy privilegiada el entretenimiento como método para poner en relieve algunos valores sobre otros, ya hemos tenido muchos cambios en las tradiciones de generación en generación, a influencia de la cultura norteamericana principalmente, quien sin lugar a dudas domina la industria del entretenimiento. Por ejemplo, es fascinante, oír las historias de mis abuelos de como celebraban la navidad, que para mí es otra historia, en su época no había ni decoración invernal/polar (entendible en país tropical como Colombia), ni Papá Noel traía los regalos, era más bien el niño Dios, quien tras su nacimiento traía los obsequios. Pero incluso mi madre, más cercana generacionalmente a mí, y quien de niña ya tuvo acceso a la televisión, me cuenta que el Halloween, no era una celebración en el país, extrañísimo para mí, que no recuerdo un sólo 31 de octubre, en el que no me haya disfrazado, pedido dulces y celebrado la fiesta de los niños, que es la tropicalización colombiana de esa tradición norteamericana.
Esta sorpresa, que parece que se ha dado más en el pasado, pues la encontré en México muy recientemente. Como muchas personas saben, este país tiene una celebración muy propia del día de muertos, que ya ha llegado a ser inspiración de películas y series. Lo que me sorprende, es que este rito tan propio se transforme a partir de una influencia foránea. Cuando llegué a México, en 2014 el día de muertos en la Ciudad de México, se vivía diferente, si hay gente que se disfraza y había altares y ofrendas en sitios públicos, pero me daba la impresión de que es más una manifestación familiar. Pero en 2015, en abril graban en el centro de la Ciudad, un fragmento de una entrega de la cinta del 007 James Bond, en la que hay un desfile de día de muertos, inédito hasta esa fecha en la Ciudad. Pero dado el impacto de la película, y que se vio a la misma como una plataforma de promoción turística, el gobierno de la capital azteca, en 2016 lanzó el primer desfile de día de muertos, similar al que se ve en la película; dos años más tarde, ya es toda una tradición, y nada más que el Secretario de Turismo del Gobierno Federal, anunció que se sumaran 4 Estados más de la República aportando carrozas alegóricas y se espera que el 27 de octubre, fecha en la que se realizará el próximo desfile, participarán 2 millones de personas entre visitantes y locales. Aquí la ficción reinventó una celebración tradicional, como en los otros dos casos, y que pone en evidencia el factor de cambio y móvil de la cultura y las tradiciones.
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